El Viajero de los Tres Faros
En un reino cubierto por una niebla persistente, vivía un joven que sentía que su alma dormía. Caminaba por inercia, hasta que un día encontró a un anciano a la orilla de un camino, quien sostenía tres lámparas de aceite, pero solo una estaba encendida.
—¿Por qué viajas con lámparas apagadas? —preguntó el joven.
El anciano, con una sonrisa serena, le respondió: —No están apagadas, solo esperan su momento. La primera lámpara es la de la Misión. Se enciende cuando decides salir de ti mismo para servir a otros. Es la luz que guía tus pies por senderos difíciles.
El joven, inspirado, decidió ayudar al anciano a cargar su peso. En ese instante, la primera lámpara brilló con un azul intenso. Había nacido en él el espíritu de un Misionero.
Siguieron caminando hasta llegar a una cueva oscura donde se refugiaban niños temerosos. El anciano le entregó un libro viejo. —Lee para ellos —le dijo—. Esta es la lámpara de la Imaginación. Las historias no son solo palabras; son ventanas hacia la libertad.
Mientras el joven leía relatos de héroes y milagros, la segunda lámpara se encendió, iluminando la cueva con un color cálido. Aquella era la Biblioteca que alimentaba el alma de quienes habían olvidado soñar.
Finalmente, cuando salieron de la cueva, el sol comenzaba a salir, pero el joven sentía que algo le faltaba. —Ya sirvo a otros y ya comparto historias, ¿por qué siento que aún falta una pieza? —preguntó.
El anciano señaló el corazón del joven. —La última lámpara no se enciende con acciones externas, sino con el silencio interno. Es la lámpara del Despertar. Solo cuando reconozcas la chispa divina que habita en ti, tu espíritu estará realmente vivo.
El joven cerró los ojos, respiró profundo y agradeció por su vida y su propósito. En ese momento, la tercera lámpara estalló en una luz dorada que disipó la niebla por completo. Su espíritu había despertado.
Desde entonces, se dice que el viajero recorre el mundo manteniendo los tres faros encendidos: trabajando con el corazón de un misionero, compartiendo la sabiduría de los cuentos y recordando a cada alma que encuentra: "Despierta, que tu luz es necesaria".
Reflexión para los lectores:
"Para estar completos, necesitamos la acción que ayuda (Misionero), la palabra que inspira (Cuentos) y la conciencia que nos conecta con lo eterno (Espíritu)."

