El Quetzal y el Espejo de la Verdad
Un joven quetzal se miraba en las aguas del lago de Atitlán y se sentía triste porque sus plumas no brillaban como el oro.
Un viejo sabio le dijo: "El brillo no viene del sol, sino de lo que proteges bajo tus alas". El quetzal comprendió que su misión era guiar a los pájaros perdidos en la selva.
Al empezar a ayudar, sus plumas brillaron con un verde esmeralda que nunca antes se había visto.
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